Ese ruido al mover la persiana suele empezar poco a poco: primero un pequeño roce, después un sonido más fuerte o una sensación de que cuesta más moverla. Muchas personas lo dejan pasar hasta que la persiana termina atascándose.
La mayoría de las veces, el problema no es grave y tiene fácil solución.
El problema: falta de lubricación y suciedad en las guías
Con el uso diario, las guías laterales acumulan polvo y pequeñas partículas que dificultan el movimiento de la persiana. Además, los mecanismos internos pierden lubricación con el tiempo.
Esto provoca:
- Ruidos al subir o bajar
- Movimiento más duro
- Desgaste de las lamas y del mecanismo
Cómo solucionarlo correctamente
Lo primero es limpiar bien las guías laterales. Puedes usar un cepillo pequeño o un aspirador para retirar el polvo acumulado.
Después, pasa un paño seco o ligeramente húmedo para eliminar la suciedad más fina.
Una vez limpia la zona, aplica un lubricante específico en spray sobre las guías y las partes móviles. Es importante usar un producto adecuado y no grasa espesa, ya que esta termina acumulando más suciedad.
Sube y baja la persiana varias veces para repartir el lubricante y comprobar si el movimiento mejora.
Si notas alguna lama descolocada o torcida, intenta ajustarla suavemente antes de seguir utilizándola.
Qué evitar
- Forzar la persiana cuando va dura
- Usar aceites o grasas muy densas
- Ignorar los ruidos durante mucho tiempo
El resultado
Con una limpieza y lubricación básicas, la persiana vuelve a funcionar de forma más suave, silenciosa y sin esfuerzo.
Conclusión
Si tu persiana hace ruido o empieza a atascarse, no esperes a que se rompa. Un pequeño mantenimiento puede evitar una reparación mucho mayor.
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